SHAKESPEARE (1564 - 1616)
MERCUCIO.¡Oh!, entonces
Advierto que con vos anoche estuvo
la reina Mab, la diosa de los sueños,
que es a la vez partera de las hadas.
Del tamaño de un ágata que adorna
de un concejal el índice carnoso,
tirada por un tronco de bichitos,
Cruza por las narices de los hombres
cuando dormidos en el lecho yacen.
Los rayos de las ruedas de su coche
patas de araña son; alas de grillo
de cien cambiantes la cubierta forman;
hebras sutiles que tejió la araña
le sirven de tirantes; de colleras,
los rayos transparentes de la luna.
El látigo es de hueso de cigarra;
su extremidad de imperceptible borra;
y su cochero es un mosquito pardo,
más diminuto que el gusano breve
que ocioso dedo de doncella cría.
Cáscara hueca de avellana forma
la concha de su coche, obra, por cierto,
de alguna ardilla o de roedor gorgojo,
que fueron siempre, desde edad remota,
fabricantes de coches de las hadas.
Con esta pompa, a paso de galope
noche tras noche cruza misteriosa,
ya por los sesos de un feliz amante,
que desde luego con amores sueña,
de un cortesano ya las piernas roza,
y sueña nada más que en cortesías;
de un escribano por los dedos pasa,
y en pinqües honorarios sueña al punto;
ya de una dama por los rojos labios,
que sueña que la besan; aunque a veces
el hada los castiga con ampollas,
porque su aliento a golosinas huele.
Tal vez cruza veloz por las narices
de algún letrado, que gozoso al punto
sueña con husmear la pista a un pleito;
y tal vez con el rabo de un gorrino
en la nariz cosquillas hace a un cura,
mientras tranquilo duerme, y sueña entonces
con alcanzar otra mayor prebenda.
Tal vez su coche por el cuello guía
de un militar, quien con segar gargantas
de fieros enemigos sueña luego,
con brechas y con hojas toledanas,
con emboscadas y con tragos hondos
de cinco codos; y la bruja luego
zumba en su oído. Al son de los tambores
el militar despierta, dando un brinco,
y con el susto renegando reza
una oración o dos; de lado muda,
y se vuelve a dormir. Ésta es el hada
que por la noche trenza cola y crines
a los caballos, y ensortija nudos
en sucias desgreñadas cabelleras,
que, una vez desligadas, pronostican
desventuras sin fin. Ésta es la bruja
que oprime a las vírgenes el seno
cuando yacen de espalda, y las enseña
a ser mujeres luego de buen porte.
Ésta es la que... 11. SHAKESPEARE, Romeo y Julieta, Acto I - Escena III


